Con dolor absoluto e impotencia permanezo impávido ante el inminente adiós, enfrentando una realidad que sabíamos desde un inicio, una verdad que nos hizo sombra durante todos los hermosos momentos que pasamos juntos.
Jamás lograré entender por que no diste ese siguiente paso, pero no juzgo, ni seguiré quemando neuronas por ello, solo lucharé con mis demonios internos para aceptar y soltar. Para dejar ir ese amor perfecto que seguramente no lo es, que seguramente tendría muchos defectos, que seguramente idealizamos como nunca a nadie, que prefiero pensar que era imposible por que dicha perfección lo han dicho toda la humanidad a través de los tiempos, no existe.
El dolor me mata, el dolor me quema, la incertidumbre me hace pedazos, pero hay que seguir, sólo.
Por que como dije, jamás será justo estar con alguien si lo que conocí contigo fue una probada del cielo en la tierra, un resquicio del paraiso en el infierno de saber que no te tengo y nunca nos tuvimos.

Me mata decir adiós a la esperanza, me muero a cachitos sabiendo que nos ilusionamos con una hermosa vida juntos, donde viviríamos felices con nuestra niña, amada y protegida como nadie por su hermano, donde envejeceríamos juntos y compartiríamos atardeceres, donde dormiríamos abrazados, donde disfrutaría sentir tu respiración a mi lado, donde te besaría cada noche en la frente para protegerte contra todo en tus sueños.
Te amo y jamás dejaré de hacerlo.
Gracias por mostrarme el amor puro, el amor único, el amor sincero y tristemente también el amor imposible. Esto era demasiado bueno para ser verdad y para gozar de ese pedazo de cielo en vida, pero la probadita que tuvimos será suficiente para marcar nuestras vidas... hasta la muerte.
Espero que cósmicamente nos toque coincidir nuevamente, en otra vida, en otro tiempo, en otra forma, y entonces si, vivir este amor como se debió vivir aquí y ahora. Es la única esperanza que me queda y que ya no viviré para saber su desenlace...



